Un sol
Mi corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.
He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.
Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.
¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.
¿En dónde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.
¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.
Sobre este poema
En «Un sol» Alfonsina Storni (1892–1938) hace balance de su vida amorosa: «He amado mucho, todo amor fue magro».
La hablante se compara con una selva: el follaje parece muerto, pero las raíces siguen vivas, esperando un amor capaz de «renovarme y redimirme». El corazón es «un dios sin lengua» que aguarda en silencio un milagro. El poema expresa una idea frecuente en Storni: la búsqueda de un amor pleno y verdadero frente a los amores pequeños y decepcionantes que ha conocido.