Visión lejana
A Ernesto Noboa
¿Qué habrá sido de aquella morenita,
trigo tostado al sol –que una mañana–
me sorprendió mirando a su ventana?
Tal vez murió, pero en mí resucita.
Tiene en mi alma un recuerdo de hermana
muerta. Su luz es de paz infinita.
Yo la llamo tenaz en mi maldita
cárcel de eterna desventura arcana.
Y es su reflejo indeciso en mi vida
una lustral ablución de jazmines
que abre una dulce y suavísima herida.
¡Cómo volverla a ver! ¿En qué jardines
emergerá su pálida figura?
¡Oh, amor eterno el que un instante dura!
Sobre este poema
«Visión lejana» es un soneto de Arturo Borja dedicado a su amigo Ernesto Noboa y Caamaño, otro poeta de la «generación decapitada» de Quito.
El hablante recuerda a una «morenita, trigo tostado al sol» que una mañana lo vio desde su ventana. No sabe qué fue de ella, pero su recuerdo, puro como el de una «hermana muerta», ilumina su «cárcel de eterna desventura». El último verso —«¡Oh, amor eterno el que un instante dura!»— expresa con una paradoja la idea de un amor que nunca existió y, sin embargo, no se olvida.