Madre locura
¡Madre Locura! Quiero ponerme tus caretas.
Quiero en tus cascabeles beber la incoherencia,
y al son de las sonajas y de las panderetas
frivolizar la vida con divina inconsciencia.
¡Madre Locura! Dame la sardónica gracia
de las peroraciones y las palabras rotas.
Tus hijos pertenecen a la alta aristocracia
de la risa que llora, danzando alegres jotas.
Sólo amargura traje del país de Citeres...
Sé que la vida es dura, y sé que los placeres
son libélulas vanas, son bostezos, son tedio...
Y por esto, Locura, yo anhelo tu remedio,
que disipa tristezas, borra melancolías,
y puebla los espíritus de olvido y alegrías...
Sobre este poema
«Madre Locura» es un soneto de Arturo Borja (1892–1912), el poeta quiteño de la «generación decapitada», que murió con veinte años.
El poeta invoca a la Locura como a una madre y le pide sus caretas, sus cascabeles y su «divina inconsciencia» para hacer frívola la vida. Sus hijos forman «la alta aristocracia / de la risa que llora». Detrás del deseo de fiesta está el desengaño: del «país de Citeres», el del amor, solo trajo amargura. La locura aparece como remedio contra la tristeza, un tema típico del modernismo.