Gustavo Adolfo Bécquer

  • Si copia tu frente
    del río cercano la pura corriente
    y miras tu rostro del amor encendido,
    soy yo, que me escondo
    del agua en el fondo
    y, loco de amores, a amar te convido;
    soy yo, que, en tu pecho buscada morada,
    envío a tus ojos mi ardiente mirada,...

  •  
     Besa el aura que gime blandamente
    Las leves ondas que jugando riza;

    El sol besa á la nube en Occidente
    Y de púrpura y oro la matiza;
    La llama en derredor del tronco ardiente
    Por besar á otra llama se...

  • Si de nuestros agravios en un libro
    se escribiese la historia,
    y se borrase en nuestras almas cuanto
    se borrase en sus hojas;

    te quiero tanto aún; dejó en mi pecho
    tu amor huellas tan hondas,
    que sólo con que tú borrases una,
    ¡las borraba yo todas!

  • Olas gigantes que os rompéis bramando
    en las playas desiertas y remotas,
    envuelto entre la sábana de espumas,
    ¡llevadme con vosotras!

    Ráfagas de huracán que arrebatáis
    del alto bosque las marchitas hojas,
    arrastrado en el ciego torbellino,
    ¡llevadme...

  • No sé lo que he soñado
    en la noche pasada;
    triste muy triste debió ser el sueño,
    pues despierto la angustia me duraba.

    Noté al incorporarme
    húmeda la almohada,
    y por primera vez sentí al notarlo
    de un amargo placer henchirse el alma.

    Triste...

  • Yo soy el rayo, la dulce brisa,
    lágrima ardiente, fresca sonrisa,
    flor peregrina, rama tronchada;
    yo soy quien vibra, flecha acerada.

    Hay en mi esencia, como en las flores
    de mil perfumes, suaves vapores,
    y su fragancia fascinadora,
    trastorna el alma...

  • No digáis que agotado su tesoro,
    De asuntos falta, enmudeció la lira:
    Podrá no haber poetas; pero siempre
     Habrá poesía.

    Mientras las ondas de la luz al beso
     ...

  •  Sabe, si alguna vez tus labios rojos
    Quema invisible atmósfera abrasada,
    Que el alma que hablar puede con los ojos,
    También puede besar con la mirada.

  • Nuestra pasión fue un trágico sainete
    en cuya absurda fábula
    lo cómico y lo grave confundidos
    risas y llanto arrancan.

    Pero fue lo peor de aquella historia
    que al fin de la jornada
    a ella tocaron lágrimas y risas
    y a mí, sólo las lágrimas.

  • Yo me he asomado a las profundas simas
    de la tierra y del cielo
    y les he visto el fin con los ojos
    o con el pensamiento.

    Mas, ¡ay! de un corazón llegué al abismo,
    y me incliné por verlo,
    y mi alma y mis ojos se turbaron:
    ¡tan hondo era y tan negro!...