A un bujarrón
Epitafio
Aquí yace Misser de la Florida,
y dicen que le hizo buen provecho
a Satanás su vida.
Ningún coño le vio jamás arrecho.
De Herodes fue enemigo, y de sus gentes,
no porque degolló los inocentes,
mas porque, siendo niños, y tan bellos,
los mando degollar, y no jodellos,
pues tanto amó los niños, y de suerte
(inmenso bujarrón hasta la muerte)
que si él en Babilonia se hallara,
por los tres niños en el horno entrara.
¡Oh tú, cualquiera cosa que seas,
pues por su sepultura te paseas,
o niño o sabandija,
o perro o lagartija,
o mico o gallo o mulo,
o sierpe o animal que tengas cosa
que de mil leguas se parezca a culo:
Guárdate del varón que aquí reposa,
que tras un rabo, bujarrón profundo,
si le dejan, vendrá del otro mundo!
No en tormentos eternos
condenaron su alma a los infiernos;
mas los infiernos fueron condenados
a que tengan su alma y sus pecados.
Pero si honrar pretendes su memoria,
di que goze de mierda, y no de gloria;
y pues tanta lisonja se le hace,
di: «Requiescat in culo, mas no in pace.»
Sobre este poema
Este epitafio burlesco es de Francisco de Quevedo (1580–1645), uno de los grandes satíricos del Siglo de Oro español.
El poema se presenta como una inscripción funeraria que advierte al caminante sobre el hombre enterrado allí. Quevedo usa un lenguaje deliberadamente obsceno y una serie de hipérboles y alusiones bíblicas (Herodes, los tres niños del horno de Babilonia) para ridiculizar a su personaje. Es un ejemplo de la poesía satírica y escatológica de Quevedo, muy distinta de sus sonetos graves y metafísicos.