Las novias pasadas son copas vacías
en ella pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos...huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!
Champán son las rubias de cutis de azalia;
borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rhin.
Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té.
La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Dejemos las copas...Sí queda una gota,
¡Que beba el lacato las heces del amor!
el néctar tomamos...huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!
Champán son las rubias de cutis de azalia;
borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rhin.
Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té.
La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Dejemos las copas...Sí queda una gota,
¡Que beba el lacato las heces del amor!
Sobre este poema
Estos versos son del mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859–1895), uno de los precursores del modernismo, y pertenecen a su poema «Para un menú».
Con humor y elegancia, el poeta compara a las mujeres amadas con vinos y bebidas: las rubias son champán, los labios rojos borgoña, los ojos verdes vino del Rin, las pupilas negras café. La imagen central —«las novias pasadas son copas vacías»— presenta el amor como un placer que se apura de un sorbo. El tono es frívolo y mundano, como el de un brindis de sobremesa.