La que se quedo para vestir santos

by Evaristo Carriego

 Ya tienes arrugas. ¡Qué vergüenza!... Bueno
serás abuelita sin ser madrecita.
Ayer, recordando tu pesar sereno,
me dio mucha pena tu cara marchita.

 ... ¿Ni siquiera una novela empezada?
Quizás el idilio que duró un verano,
hasta que una noche por buena y confiada,
se cansó la novia de aguardar en vano.

 Y tu sufrirías, o no sufrirías,
nerviosas esperas, y te quedarías
como es natural,

 tan indiferente que al día siguiente
ya no habría nada, nada: solamente
húmedas las puntas de tu delantal.

More poems by Evaristo Carriego

All poems by Evaristo Carriego →