Esta leyenda en sabio romance campesino

by Antonio Machado

ni arcaico ni moderno, por Valle-Inclán escrita, revela en los halagos de un viento vespertino la santa flor de alma que nunca se marchita. Es la leyenda campo y campo. Un peregrino que vuelve solitario de la sagrada tierra donde Jesús morara, camina sin camino, entre los agrios montes de la galaica sierra. Hilando silenciosa, la rueca a la cintura, Adega, en cuyos ojos la llama azul fulgura de la piedad humilde, en el romero ha visto, al declinar la tarde, la pálida figura, la frente gloriosa de luz y la amargura de amor que tuvo un día el SALVADOR DOM. CRISTO.

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