A Lola en sus días

by José María Heredia

Vuelve a mis brazos, deliciosa Lira, en que de la beldad y los amores el hechizo canté. Sobrado tiempo de angustias y dolores el eco flébil fuera mi quebrantada voz. ¿Cómo pudiera no calmar mi agonía este brillante día que a Lola vio nacer? ¡Cuán deleitosa despunta en oriente la luz pura del natal de una hermosa! Naciste, Lola, y Cuba al contemplar en ti su bello adorno aplaudió tu nacer. Tu dulce cuna meció festivo amor: tu blanda risa nació bajo su beso: complacido la recibió, y en inefable encanto y sin igual dulzura tus labios inundó: tu lindo talle de gallarda hermosura Venus ornó con ceñidor divino, y, tal vez envidiosa, contemplaba tu celestial figura. Nace bárbaro caudillo, que con frenética guerra debe desolar la tierra, y gime la humanidad. Naciste, Lola, y el mundo celebró tu nacimiento, y embelesado y contento adoró amor tu beldad. Feliz aquel a quien afable miras que en tu hablar se embebece, y a tu lado admira con tu talle delicado a viva luz de tus benignos ojos. ¡Venturoso mortal! ¡en cuanta envidia mi corazón enciendes!... Lola hermosa, ¿quién tanta beldad y a tantas gracias pudiera resistir, ni qué alma fría con la expresión divina de tus ojos no se inflama de amor? El alma mía se abrasó a tu mirar... Eres más bella que la rosa lozana, del Zéfiro mecida al primer esplendor de la mañana. Si en un tiempo más bello y felice tantas gracias hubiera mirado, ¡Ah! tú fueras objeto adorado de mi fina y ardiente pasión. Mas la torpe doblez, la falsía, que mi pecho sensible rasgaron, en su ciego furor me robaron del placer la dichosa ilusión. ¡Ángel consolador! Tu beldad sola el bárbaro rigor de mis pesares a mitigar alcanza, y en tus ojos divinos bebo rayos de luz y de esperanza. Conviértelos a mí siempre serenos, abra tus labios plácida sonrisa, y embriágame de amor!... Acepta grata por tu ventura mis ardientes votos. ¡Ah! tú serás feliz: ¿cómo pudiera sumir el cielo en aflicción y luto tanta y tanta beldad? Si despiadado el feroz infortunio te oprimiere, ¡ay! ¡no lo mire yo! Baje a la tumba sin mirarte infeliz; o bien reciba los golpes de la suerte, y de ellos quedes libre, y generoso si eres dichosa tú, seré dichoso. Me oyes, Lola, placentera, llena de fuerza y de vida... ¡Ay! mi juventud florida el dolor marchita ya. Cuando la muerte me hiera, y torne tu día sereno acuérdate de Fileno, di su nombre suspirando, y en torno de ti volando mi sombra se gozará.

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