La danza de las horas
Hoy, que está la mañana fresca, azul y lozana;
hoy, que parece un niño juguetón la mañana,
y el sol parece como que quisiera subir
corriendo por las nubes, en la extensión lejana,
hoy quisiera reír...
Hoy, que la tarde está dorada y encendida;
en que cantan los campos una canción de vida,
bajo el cóncavo cielo que se copia en el mar,
hoy, la Muerte parece que estuviera dormida,
hoy quisiera besar...
Hoy, que la Luna tiene un color ceniciento;
hoy, que me dice cosas tan ambiguas el viento,
a cuyo paso eriza su cabellera el mar;
hoy, que las horas tienen un sonido más lento,
hoy quisiera llorar...
Hoy, que la noche tiene una trágica duda,
en que vaga en la sombra una pregunta muda;
en que se siente que algo siniestro va a venir,
que se baña en el pecho la Tristeza desnuda,
hoy quisiera morir...
Sobre este poema
Abraham Valdelomar (1888–1919) fue un escritor peruano, autor de cuentos célebres como «El Caballero Carmelo» y figura central del grupo modernista de la revista Colónida.
«La danza de las horas» recorre un día completo, y cada momento despierta en el poeta un deseo distinto: la mañana fresca le da ganas de reír, la tarde dorada de besar, la luna cenicienta de llorar. Cada estrofa termina con un verso corto que repite ese «hoy quisiera…». El poema une paisaje y estado de ánimo, con la música propia del modernismo.