De cuatro aceradas puntas
con cruda violencia roto,
vierte el divino cadáver
cuatro sangrientos arroyos.
Bárbara impiedad le ciñe
de espinas diadema tosco
en que le añade al tormento
nuevas puntas el oprobio.
En la esfera de su frente
la infame nube de abrojos
palideces de su bulto
inunda en licores rojos.
¡Oh coronas! ¡Oh...